Parece mentira, pero así es. En la actualidad, sentirse bien emocionalmente no resulta fácil ni sencillo. Nuestro día a día se compone de situaciones de estrés que dejan poco espacio a la tranquilidad. Hasta la persona que pasa el día en casa siente estrés por alguna razón. Así es la vida en un momento en que todo parece al alcance de la mano: estresante y desequilibrada. Sobre todo, a nivel emocional. Cuidar de nuestra salud mental y emocional no tiene que ser un lujo. De hecho, es una necesidad diaria que no deberíamos eludir.
El bienestar emocional es lo que permite que podamos manejar el estrés, mantener unas relaciones sanas y saludables y, por supuesto, disfrutar de una vida más equilibrada en todos los aspectos. Para lograrlo es necesario comprender en qué medida y cómo influyen los pensamientos, las emociones y los hábitos en la calidad de vida, con lo que se abren las puertas hacia el cambio.
Queremos proponer algunos consejos claros y fácilmente aplicables al día a día y que ayudan a que se fortalezca la estabilidad interna. Hábitos saludables, técnicas de relajación y mindfulness son algunas estrategias que permiten enfocar la forma en la que nos enfrentamos a los desafíos cotidianos y los superamos. En este sentido resulta importante considerar aspectos como el valor que tiene ponerse una meta realista y poder contar con relaciones de apoyo. Todo ello como guía que permite llegar paso a paso a obtener el necesario bienestar emocional y, en consecuencia, llevar una vida más plena y satisfactoria.
Como bien sabemos todos, la vida se encuentra llena de retos y desafíos que nos llevan al estrés y al malestar. Lograr ese bienestar emocional supone aprender a normalizar que esas emociones desagradables forman parte de la vida y el aprendizaje conlleva tolerar el malestar que las situaciones y momentos difíciles, estresantes o adversos implican.
Comprender el bienestar emocional: primer paso hacia él
El bienestar emocional está relacionado directamente con la manera en que tiene una persona a la hora de manejar sus pensamientos, emociones y comportamiento en su vida diaria. Como nos explica la psicóloga Ángela Rodríguez con su frase “tu mente no para, aprende a recuperar la calma”, la capacidad de adaptarse a los cambios y mantener unas relaciones saludables, así como enfrentarse al estrés de forma eficaz, es algo que se puede aprender.
Entender el bienestar emocional como ese estado en el que una persona es capaz de reconocer, aceptar y gestionar sus emociones sin que las mismas dominen su vida es el primer paso para alcanzar la meta. Alcanzar el bienestar emocional no implica estar feliz en todo momento, sino contar con los recursos internos necesarios que permiten afrontar tanto las experiencias positivas como las negativas.
Dentro de la psicología, el concepto se vincula a la salud emocional y la capacidad que se tiene a la hora de mantener un equilibrio entre la demanda externa y la respuesta interna. Una persona que se encuentra bien emocionalmente muestra mayor resiliencia, puesto que es capaz de recuperarse de una situación difícil sin perder su estabilidad. Lo que implica a su vez autoconciencia y reconocer lo que se siente, identificar lo que produce esas emociones y la capacidad para expresarlas adecuadamente. Esto tan simple y difícil al mismo tiempo contribuye a una vida más estable y satisfactoria.
Mantener el equilibrio emocional hace posible que las personas respondan ante determinadas situaciones de forma proporcional y adecuada. Cuando se mantiene el equilibrio, la toma de decisiones claras es más sencilla y se reduce la posibilidad de que se produzcan reacciones impulsivas con consecuencias negativas.
Desde el punto de vista de la salud emocional, mantener un balance entre las emociones positivas y las emociones negativas ayuda a prevenir problemas tan negativos como la ansiedad o la depresión. No se trata de eliminar las dificultades, algo que no siempre es posible, sino de enfrentarse a ellas con mayor claridad mental y estabilidad.
El bienestar emocional se compone de una serie de factores que interactúan entre sí, siendo algunos de los más relevantes los siguientes:
- Autoconciencia: permite identificar las emociones y pensamientos propios.
- Autorregulación: permite manejar los impulsos y reacciones de forma constructiva.
- Resiliencia: permite recuperarse de experiencias adversas.
- Relaciones saludables: contar con vínculos de apoyo y confianza.
- Sentido del propósito: consiste en tener metas claras para orientar la vida.
Estos factores no actúan de forma aislada, puesto que una persona puede fortalecer su resiliencia a la vez que mejora sus relaciones, lo que, en conjunto, refuerza la salud emocional. Trabajar en cada aspecto de forma consciente es lo que favorece el bienestar emocional estable y duradero, reduciendo la vulnerabilidad ante el estrés y mejorando la calidad de vida.
Hábitos que ayudan a alcanzar y fortalecer el bienestar
Del mismo modo que se entrenan los músculos para fortalecerlos, el bienestar emocional se fortalece siguiendo unos hábitos con los que se ayuda a mantener el equilibrio interno y unas relaciones más saludables. Se trata de pequeñas acciones diarias como cultivar la gratitud, cuidar de uno mismo o aprender a manejar el estrés. Con estos hábitos se obtienen cambios significativos en la calidad de vida de las personas.
Practicar la gratitud y la compasión implica reconocer y valorar lo que se tiene y no centrarse en aquello de lo que se carece, lo que se hace de forma habitual. Este hábito permite adquirir una perspectiva más positiva y, al tiempo, reducir la tendencia a compararse con el resto. Un método útil para su práctica puede ser llevar un diario en el que anotar tres cosas positivas cada día, entrenando a la mente para que sea capaz de identificar los aspectos valiosos de la vida cotidiana. La compasión, por otro lado, se centra en la comprensión y acompañamiento en el sufrimiento ajeno. No se trata de resolver los problemas de los demás, se trata de mostrar empatía y brindar apoyo sin emitir juicios.
Pasamos al desarrollo de la autocompasión y el autocuidado. La primera implica tratarse a uno mismo o a una misma con la amabilidad con que se trata a un amigo cercano. En vez de criticar los errores, reconocer la imperfección como parte de la experiencia. El autocuidado complementa este proceso ya que consiste en priorizar las actividades que promueven el bienestar físico y mental. Dormir lo suficiente, mantener una buena alimentación y reservar el tiempo necesario para el descanso son algunos de los aspectos elementales del autocuidado.
Una buena gestión del estrés y las emociones negativas resulta indispensable para lograr el bienestar emocional. Manejar el estrés implica que se identifiquen las fuentes que lo producen y aplicar estrategias concretas destinadas a reducir su impacto. No se trata de eliminar el estrés totalmente, la idea es regularlo de tal manera que no afecte a la salud emocional. Técnicas como la respiración profunda, el ejercicio físico y la meditación ayudan a que la tensión acumulada disminuya. Establecer algunas rutinas es otra manera de conseguir una sensación de estabilidad y control.
Las emociones negativas como son la frustración o la tristeza, tienen que ser reconocidas y no reprimidas. Expresarlas de forma adecuada hablando con alguien cercano y que nos proporcione confianza o escribirlas hace que resulte más fácil lidiar con ellas.
Hay que establecer límites saludables que permitan proteger el tiempo, la energía y el bienestar personal. Decir “no” cuando es necesario evita la sobrecarga y reduce el resentimiento que se genera en las relaciones. Un límite claro se puede expresar con firmeza y respeto, de la siguiente manera: “no puedo realizar esta actividad en este momento, pero sí puedo hacerla este fin de semana”. Una comunicación directa que evita malentendidos y ayuda a comunicarse al mismo tiempo que se establece un límite.
Hacer esto implica obtener un mayor equilibrio entre la vida personal y laboral, reducir el estrés por exceso de responsabilidad y disfrutar de relaciones más respetuosas y transparentes. Respetar los propios límites y los de los demás propicia un entorno de confianza y cuidado mutuo, esencial a la hora de mantener la estabilidad emocional.
Por otro lado, tenemos que procurar hábitos saludables a nivel más físico, como la práctica de ejercicio regular. Esto contribuye de forma directa a que la mente se encuentre más sana. Caminar, nadar, el yoga… cualquier actividad deportiva es bienvenida y mejora la salud física, al tiempo que ayuda a que se liberen las tensiones acumuladas.
Así mismo llevar una buena alimentación, balanceada y con una dieta equilibrada que proporcione los nutrientes necesarios influye en el bienestar emocional. Un buen descanso y dormir lo suficiente permiten que el cerebro procese la información recabada en el día y recupere la energía.
El cuidado personal y las rutinas diarias, unidas a técnicas de relajación para fortalecer las relaciones y el apoyo emocional, son al mismo tiempo formas de alcanzar, mejorar y mantener el bienestar emocional. Existen más pautas, consejos o hábitos enfocados en obtener un bienestar emocional y mantenerlo, tan solo es necesario buscar la información necesaria o el apoyo profesional adecuado para ponerse manos a la obra y trabajar en el propio bienestar antes de hacerlo con los demás. Quererse y cuidarse uno mismo o misma es esencial para poder querer y cuidar de los demás.