¿Cómo se trata la ansiedad en los más jóvenes?

La ansiedad en niños y adolescentes forma parte de una realidad cada vez más visible en nuestra sociedad: cada vez más familias, docentes y profesionales de la salud hablan abiertamente de ello, lo que ayuda a detectar antes las señales y ofrecer ayuda de forma temprana.

La infancia y la adolescencia son etapas llenas de cambios físicos, emocionales y sociales, por lo que resulta normal que aparezcan preocupaciones; y cuando esas preocupaciones se vuelven intensas y persistentes, influyendo en su día a día, hablamos de ansiedad.

Comprender la ansiedad en niños y adolescentes.

La ansiedad se manifiesta de formas diferentes según la edad y la personalidad: en niños pequeños puede aparecer mediante dolores de tripa, llanto frecuente, miedo a separarse de sus figuras de referencia o dificultad para dormir. En adolescentes suele verse a través de preocupación constante, miedo a equivocarse, aislamiento social o pensamientos muy exigentes consigo mismos. Todo esto forma parte de una respuesta emocional ante situaciones que perciben como difíciles.

Entender estas señales es muy importante, pues gracias a ello los adultos pueden detectar cuándo algo no va como debería. De esta forma, los padres y profesores suelen ser las primeras personas que pueden captar cambios en el comportamiento: una bajada en las notas, rechazo a actividades que antes disfrutaban o enfados frecuentes pueden indicar que el menor atraviesa un momento complicado a nivel emocional.

Evaluación profesional y diagnóstico.

Según el centro psicopedagógico Cristina Hormigos, el primer paso para tratar la ansiedad pasa por una evaluación realizada por un profesional de la salud mental. Los psicólogos infantiles y psiquiatras especializados en adolescencia realizan entrevistas con el menor y su familia para conocer el contexto, los síntomas y la duración de los mismos. En muchas ocasiones, estos profesionales utilizan cuestionarios adaptados a la edad que ayudan a entender mejor lo que está sintiendo el joven.

Esta evaluación permite diferenciar entre una preocupación puntual y un problema que necesita acompañamiento profesional. También sirve para identificar el tipo de ansiedad, ya que existen varias formas, como ansiedad social, ansiedad por separación o ansiedad generalizada.

Terapia psicológica como base del tratamiento.

La terapia psicológica constituye el pilar principal en el tratamiento de la ansiedad en los jóvenes. La más utilizada es la terapia cognitivo-conductual, ya que cuenta con amplio respaldo científico.

Este tipo de terapia ayuda al menor a identificar pensamientos que generan miedo y a modificarlos por otros más realistas y calmados. Durante las sesiones, el profesional enseña técnicas para afrontar situaciones que generan ansiedad, siempre de forma progresiva y respetando el ritmo del niño o adolescente. A través de juegos, dibujos, conversaciones y ejercicios prácticos, los más pequeños aprenden a expresar lo que sienten y a comprender sus emociones.

Cabe destacar, que en adolescentes se trabaja mucho la autoestima, la gestión del estrés y la toma de decisiones.

Técnicas de respiración y relajación.

Dentro del tratamiento psicológico se incluyen ejercicios de respiración y relajación que ayudan a controlar los síntomas físicos de la ansiedad, pues respirar de forma lenta y profunda reduce la tensión muscular y la sensación de agobio. Estas técnicas también se practican en consulta y se enseñan para que el menor pueda utilizarlas en casa o en el colegio cuando se sienta nervioso.

Asimismo, la relajación muscular progresiva, la visualización de imágenes agradables y el mindfulness adaptado a la infancia forman parte de estas herramientas. Se trata de ejercicios sencillos que ayudan a conectar con el presente y a calmar la mente. De hecho, muchos centros educativos ya incluyen actividades de este tipo en sus programas de bienestar emocional.

Acompañamiento familiar.

La familia juega un papel fundamental en el tratamiento de la ansiedad: padres y madres reciben orientación por parte del profesional para aprender a apoyar al menor de forma adecuada, lo cual incluye validar sus emociones, escuchar sin juzgar y evitar transmitir preocupaciones excesivas.

Es muy importante crear un espacio donde pueda hablar con confianza ayuda a reducir el miedo y la inseguridad. También se trabajan rutinas diarias que aportan estabilidad, como horarios regulares de sueño, comidas equilibradas y tiempo para el ocio.

Rutinas saludables y autocuidado.

Los hábitos diarios influyen directamente en el bienestar emocional: dormir las horas necesarias, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física de forma regular favorecen la estabilidad emocional. El ejercicio libera endorfinas, que generan sensación de bienestar y ayudan a reducir la tensión acumulada.

También se recomienda limitar el uso de pantallas (sobre todo antes de dormir) ya que la exposición prolongada a móviles y videojuegos puede aumentar el nerviosismo. Dedicar tiempo a actividades creativas como dibujar, leer o escuchar música ayuda a desconectar y a expresar emociones.

Tratamiento médico en casos específicos y otras terapias.

En determinadas situaciones, el especialista puede valorar el uso de medicación como apoyo al tratamiento psicológico; esto ocurre cuando la ansiedad resulta muy intensa y afecta seriamente a la vida diaria del menor. Los medicamentos siempre son recetados por un psiquiatra infantil, y son controlados de forma regular.

El objetivo principal del tratamiento médico es reducir los síntomas para facilitar el trabajo terapéutico, y siempre se alterna con psicoterapia y seguimiento cercano.

Además de la terapia tradicional, algunos jóvenes se benefician de actividades complementarias como el yoga infantil, la musicoterapia o la arteterapia. Estas prácticas permiten expresar emociones de forma creativa y relajada: a través del movimiento, el dibujo o la música, los niños canalizan sentimientos que a veces les cuesta expresar con palabras. Su función consiste en reforzar el bienestar emocional y mejorar la autoestima.

La importancia de la prevención.

La prevención resulta completamente esencial a la hora de reducir la aparición de problemas de ansiedad en edades tempranas: enseñar a los niños a gestionar sus emociones desde pequeños les proporciona herramientas para afrontar situaciones difíciles en el futuro, y hablar abiertamente de sentimientos en casa y en la escuela también ayuda a crear una base emocional sólida.

Los programas de educación emocional en colegios enseñan habilidades sociales, empatía y resolución de conflictos. Estas competencias favorecen relaciones sanas y reducen el estrés diario. La prevención también pasa por reducir la presión académica y fomentar el disfrute del aprendizaje

El papel de las nuevas tecnologías.

Como todos sabemos, el uso de móviles y redes sociales forma parte del día a día de muchos adolescentes. Estas herramientas ofrecen conexión social, aunque también generan presión por la imagen y la aceptación. Por ello, el tratamiento de la ansiedad incluye educación digital, enseñando a usar la tecnología de forma consciente.

¿Qué pueden hacer los padres al respecto? Establecer límites de tiempo, fomentar el contacto cara a cara y hablar sobre lo que ven en redes supone un buen punto de partida para reducir el impacto emocional.

De igual forma, trabajar la autoestima resulta fundamental en el tratamiento de la ansiedad, pues la mayoría de los jóvenes con ansiedad tienen una visión muy exigente de sí mismos. En terapia se refuerzan sus logros, se trabajan las comparaciones y se fomenta la autoconfianza.

Aprender a aceptarse, reconocer sus cualidades y entender que equivocarse forma parte del aprendizaje mejora su seguridad personal. Este trabajo se realiza mediante ejercicios prácticos, conversaciones y actividades que refuerzan la identidad.

¿Cuánto tardan en mejorar?

El tratamiento de la ansiedad requiere tiempo y constancia. Cada menor avanza a su propio ritmo y no existen soluciones rápidas. Las mejoras suelen aparecer de forma progresiva, a medida que el niño aprende a manejar sus emociones.

La implicación de la familia y la continuidad en las sesiones marcan la evolución: celebrar pequeños avances motiva al menor y refuerza su esfuerzo. Al final, lo importante es que el joven adquiera herramientas para gestionar sus emociones a lo largo de su vida.

Con el tiempo, los jóvenes tratados por ansiedad muestran cambios positivos: se sienten más tranquilos, expresan mejor lo que sienten y afrontan situaciones que antes les generaban miedo. También mejora su relación con los demás y su rendimiento académico. Todo ello contribuye a un desarrollo emocional más saludable.

Normalizar la salud mental.

Hablar de ansiedad con naturalidad ayuda a romper estigmas.

La sociedad actual avanza hacia una mayor conciencia emocional. Programas escolares, campañas informativas y redes de apoyo facilitan el acceso a recursos para las familias, y es esta visibilidad la que favorece la detección temprana y el acompañamiento adecuado.

Con el tiempo, gracias a estos cambios, la investigación en salud mental infantil continuará avanzando: se crearán nuevas herramientas digitales, aplicaciones terapéuticas y programas online supervisados por profesionales que formarán parte del futuro del tratamiento.

La ansiedad siempre tiene solución, incluso para los más jóvenes.

Sabemos que la adolescencia es una época difícil, y la ansiedad, sin duda, puede empeorarla; sin embargo, el tratamiento de la ansiedad en los más jóvenes existe, y además, es muy potente. Desde casa, desde el colegio y con cada elección, todos podemos ayudar a que cada niño se sienta mejor con este problema.

Gracias a la detección temprana y al apoyo adecuado, los jóvenes podrán gestionar sus emociones y enfrentarse a los retos con mayor seguridad, y con el tiempo, podrán tener una base emocional fuerte que les acompañará a lo largo de su vida.

Compartir

Más entradas