¡Los Escape Room están de moda!

Escape Room

Me llamo Sama y mi empresa va a llamarse “Noche en la morgue”. Y, muy pronto muchos de los que vivís por Madrid, me vais a conocer. Estoy a punto de montar el mejor Escape Room de por aquí y os invito a que vengáis a pasar una de las noches más terroríficas de vuestra vida.

Este Escape es diferente por muchas cosas, pero antes de haceros algo de Spoiler, os voy a contar cómo llegue a esta maravillosa idea de negocio, cómo me lo he montado y, porqué creo, que los que crean Escape rooms deberían de ser un poquito más atrevidos.

Sé que hay muchas cosas legales de por medio y muchas que pueden salir mal, pero esto ahora está de moda. Hay gente que viaja solo por hacer diferentes Escapes por España… Y, en esto hay de todo, gente que solo busca el desafío intelectual… gente que solo quiere pasar miedo, incluso, gente que quiere buscar una experiencia que le marque de por vida.

Si te pica la curiosidad, pasa, y te voy contando…

 

¿Por qué están triunfando estos juegos ahora?

Mira, yo esto lo he pensado mucho, y no es casualidad que ahora todo el mundo esté loco estos juegos. Vivimos en unos tiempos un poquillo aburridos y monótonos, la verdad… y al final te das cuenta de que no estás viviendo nada de verdad, nada que te haga latir fuerte el corazón y te deje con los ojos como platos mirando a la nada. Entonces alguien hace estos juegos y, de repente, te meten en una historia donde tú eres el protagonista, donde no puedes mirar el móvil, donde tienes que pensar, actuar y reaccionar. Y eso engancha, engancha muchísimo. Porque es como vivir esa experiencia de verdad y, muchos, creo que lo necesitamos.

También te digo una cosa: esto ya existe desde hace mucho, pero antes te ponían con un par de candados y cuatro acertijos. La gente salía contenta, pero ahora quieren vivir una experiencia fuerte. Quieren salir de allí con el corazón a mil, con la sensación de haber vivido algo que van a recordar toda su vida. Hay que innovar, muchachos.

He visto a gente viajar de punta a punta, solo para probar uno nuevo. Literalmente organizar fines de semana enteros para hacer dos o tres salas en distintas ciudades. Eso no pasa con otros tipos de ocio. Eso pasa cuando algo toca una fibra más profunda, cuando se convierte casi en una especie de reto personal o en una adicción sana.

Por eso vi la oportunidad en esto. Porque si está creciendo así, si la gente está buscando algo más intenso, más real, más… peligroso, entonces alguien tiene que atreverse a dar ese paso. Y ahí es donde entro yo. Porque yo no quiero hacer otro escape más. Yo quiero hacer algo que, cuando salgas, te deje pensando: “¿Qué demonios acabo de vivir?”

 

Lo que hizo que me decidiera

Te voy a contar la noche que me cambió la cabeza, porque ese fue mi principio. Fue en una casa vieja, perdida en la sierra, con un pedazo de bosque detrás. Fuimos mis amigos y yo, en plan escapada, fue algo que hicimos para probar algo nuevo. No era del todo un Escape Room, pero pintaba bastante bien.

Nada más llegar ya noté algo raro. El silencio no era normal, ¿sabes? Había como una presencia… como si hubiera un montón de gente mirándote desde la oscuridad. La casa crujía, aunque no hubiera viento, y las luces fallaban justo en los momentos más incómodos. Al principio nos reíamos, típico, pero poco a poco la cosa fue asustándonos de verdad. Empezaron a aparecer pistas que no entendíamos, sonidos en habitaciones donde no había nadie, puertas que juraría que habíamos cerrado y estaban abiertas. Lo hacían tan bien, que estábamos literalmente, dando vueltas por la casa, y no veíamos ni oíamos a nadie.

Hubo un momento que se me quedó grabado. Estábamos en una habitación, todos juntos, y escuchamos pasos en el pasillo. Pasos lentos. Arrastrados. Y no había nadie más en la casa… o eso pensábamos. Uno de mis amigos abrió la puerta y no había nada. Pero en el suelo, justo delante, había una llave que antes no estaba. Os juro que empezamos a pensar que aquello no era un juego. Yo me plantee varias veces que estábamos en una casa encantada de verdad. No sabéis lo que me hizo en la cabeza.

Esa noche no dormimos ninguno. Y, cuando salimos de allí, con el cuerpo todavía temblando, lo supe. Supe que quería dedicarme a esto. Quería crear algo así, y mejor. Algo que no se quedara en solo en resolver pruebas y seguir pistas, sino que se metiera dentro de la cabeza de la gente. Que les hiciera dudar de lo que es real. Que les dejara con ese cosquilleo días después. Nunca olvidaré esa experiencia.

 

Mi amigo me dio la idea

Yo ya tenía claro que quería montar algo grande, pero me faltaban dos cosas: la historia y el sitio donde ocurriría. Le di mil vueltas. Pensé en casas encantadas, hospitales abandonados, sectas… pero nada me terminaba de encajar del todo. Pero Juan me lo solucionó con una sola visita.

Juan es de esos amigos que parecen tranquilos, pero en realidad es un rebeldillo y un cabra loca cuando lo conoces bien. Su padre tiene una empresa de fabricaciones metálicas, Danvimet. Llevaba tiempo queriéndome enseñar las instalaciones y, ese día me lo volvió a proponer… Y dije: “¿Por qué no?”. Tampoco tenía nada mejor que hacer.

Entramos en las instalaciones y empezamos a recorrer naves llenas de maquinaria, piezas, estructuras… todo muy industrial. Pero de repente llegamos a una zona distinta. Más limpia y fría. Todo estaba lleno de mesas de acero inoxidable, carros, estanterías… todo ese tipo de mobiliario que ves en hospitales o laboratorios.

Cuando vi todo eso, se me encendió algo en la cabeza. Me imaginé una sala fría, silenciosa y oscura, con ese brillo metálico, con cuerpos tapados, con esa sensación de que se van a levantar y van a ir a por ti. Y lo vi clarísimo. No era un hospital cualquiera. Tenía que ser una morgue.

Me giré hacia Juan y le dije: “¡Gracias, tío!”. Él se rio, sin saber a qué me refería. Supe que esa era la idea estrella, no solo por el miedo que podía dar, sino por lo que transmitía: lo inevitable, lo desconocido, lo que viene después. Y encima sabía dónde conseguir el material. Era perfecto. Todo empezó a encajar como si hubiera estado ahí esperándome.

 

Noche en la morgue

Ahora viene lo bueno. Porque “Noche en la morgue” tiene toda una historia. Y quiero que, desde el momento en que entres, sientas que estás dentro de algo que no deberías haber descubierto nunca.

Todo empieza en una sala de urgencias. Luces frías, olor a desinfectante, sonido de máquinas… y un ambiente raro, como si el hospital estuviera funcionando, pero casi estuviera abandonado. Allí aparece un enfermero, nervioso, que te mete prisa. Te dice que hay un problema, que no hay tiempo para explicaciones.

Luego aparece ella. La doctora. Tranquila, demasiado tranquila. Sonríe, pero no transmite nada bueno. Mientras interactúas, empiezas a darte cuenta de que hay cosas que no cuadran. Historias que no encajan. Y entonces conoces al anciano. Herido, asustado, intentando decirte algo… pero no puede.

A medida que avanzas, descubres el secreto. La doctora no está salvando vidas. Está ocultando algo. Y cuando lo descubres… ya es tarde. Te encierra. Y ahí empieza de verdad el juego. Tienes que escapar, avanzar por pasillos cada vez más oscuros, más fríos, hasta llegar a la morgue.

Pero no estás solo. Hay algo más. Un niño. No lo ves, pero lo sientes. Te deja pistas, te guía. Como si quisiera ayudarte a salir… o quizá a que descubras toda la verdad. Y te aseguro una cosa: cuando llegues al final, no vas a saber si de verdad has escapado.

 

Cómo elegí a los actores y actrices

Aquí es donde mucha gente me dice que estoy loco. Pero es que esto no iba a ser un proyecto normal, así que tampoco podía elegir actores normales. Quería algo real, algo cercano, algo mío.

La doctora malvada la va a interpretar mi madre. Sí, tal cual. Y no te imaginas lo bien que le queda. Tiene esa forma de mirar, esa calma rara que te hace sentir incómodo. Cuando se mete en el papel… te juro que hasta a mí me da cosa. Ya me lo hacía a mí de pequeño cuando estaba muy enfadada pero no lo mostraba. Todavía me dan escalofríos cuando me acuerdo.

El anciano herido será mi abuelo. Y eso ya es otro nivel. Porque no tiene que actuar demasiado. Solo con estar ahí, con su presencia, con esa fragilidad… ya transmite más que cualquier actor profesional. Es de esas cosas que no se pueden fingir. Además, que se ve que se lo pasa como un niño chico, cuando ensayamos.

Y Juan, claro, será el enfermero. Él fue parte de todo desde el principio, así que tenía que estar dentro. Además, tiene ese punto de nerviosismo natural que le viene perfecto al personaje. Parece que siempre está a punto de decir algo… pero no lo hace.

Y luego hay detalles. Voces en off, sonidos, pequeños momentos que no te esperas. Cosas que no voy a contar porque quiero que se vivan. Pero todo está pensado para que no parezca un juego, sino una experiencia real.

 

Lo que pienso que deberían hacer los que quieren triunfar

Voy a ser directo, aquí hay que arriesgar. Si haces lo mismo que todos, eres solo uno más. Y aquí no gana el que hace lo correcto, gana el que se atreve.

Creo que muchos Escape Room se quedan cortos por miedo. Miedo a incomodar, a pasarse, a que alguien diga “esto es demasiado”. Pero es que ahí está la cosa. En ese límite. En jugar con lo que está bien y lo que no.

La gente quiere sentir cosas. Quiere tensión, quiere adrenalina, quiere incluso ese puntito de incomodidad que te hace recordar la experiencia. No digo que haya que cruzar líneas peligrosas, pero sí acercarse lo suficiente como para que sea algo memorable.

También hace falta cuidar los detalles. No vale con una buena idea si luego todo lo demás falla. La ambientación, los actores, el ritmo… todo se debe tener en cuenta. Si consigues que todo eso baile junto, tendrás la perfección.

Y, sobre todo, hay que tener personalidad. Tienes que asegurarte de que, cuando salgan, digan: “Esto solo lo pueden hacer aquí”. Con eso es con lo que vas a triunfar.

 

Algunas ideas originales

He pensado muchas historias que me encantaría ver en Escape Room, y te dejo unas cuantas, porque creo que este mundillo tiene muchísimo por explorar.

Una sería un avión que ha sufrido un accidente y los jugadores están dentro, intentando sobrevivir mientras algo más está pasando. No solo el accidente, sino algo que no debería estar ahí. (Buah, este me pone los pelos de punta).

Otra, una secta. Pero no la típica. Una en la que los jugadores empiezan como invitados… y poco a poco se dan cuenta de que forman parte del ritual.

También me encanta la idea de un edificio en cuarentena. Donde no sabes quién está enfermo, ni qué está pasando realmente. Donde la paranoia juega más que el miedo directo.

Y otra más: un hotel donde cada habitación cuenta una historia distinta, pero todas están conectadas. Y al final entiendes que nunca debiste haber entrado.

 

Espero verte pronto

Mira, no sé quién eres, ni cuándo vas a leer esto. Pero si has llegado hasta aquí, ya formas parte de mi historia.

“Noche en la morgue” no es solo un negocio para mí. Es algo que llevo dentro desde aquella noche en la sierra. Es mi sueño a punto de hacerse realidad.

Quiero que vengas y que lo vivas. Que entres con curiosidad y salgas… bueno, ya veremos cómo sales. Pero seguro que, mínimo, te vas a acordar de mi (para bien o para mal).

Y si, cuando salgas, me miras y me dices: “Ha sido brutal” … entonces sabré que lo he hecho fenomenal.

Compartir

Más entradas

B2B, empresas que prestan servicios a empresas

Las dinámicas empresariales modernas, marcadas por la digitalización, la globalización y la necesidad constante de optimización, han dejado de operar de forma aislada y externalizan cada vez más algunas de

Conoce más sobre el Coworking

En este artículo vamos a conocer más sobre el Coworking. Es un hecho que la sociedad está cambiando como nos dicen los expertos de mitreworkspace.com, que llevan especializados en este