Aumentan los españoles que practican pilates para sentirse bien

En los últimos años, el pilates se ha convertido en una de las disciplinas de bienestar más populares en España. Lo que en su día fue una práctica minoritaria, conocida principalmente en centros especializados de grandes ciudades, hoy forma parte del día a día de miles de personas que buscan una manera equilibrada y consciente de cuidar su cuerpo y su mente. El interés creciente por esta actividad no es casual: responde a una necesidad real de encontrar espacios de calma, movimiento y autocuidado en medio de un ritmo de vida que a menudo resulta exigente y acelerado.

Cada vez son más los españoles que descubren en el pilates una alternativa accesible, suave y efectiva para mejorar su bienestar general. Las motivaciones son diversas. Muchas personas se acercan a esta disciplina buscando aliviar molestias físicas, especialmente dolores de espalda que surgen por largas horas frente al ordenador o por posturas poco cuidadas. Otras se sienten atraídas por una forma de ejercicio que no se centra únicamente en la fuerza o el rendimiento, sino también en la respiración, la alineación corporal y el control consciente de cada movimiento. Para algunos, el pilates es además una forma de desconectar mentalmente, un espacio para escucharse y reconectar con sensaciones internas que la rutina diaria suele silenciar.

Los estudios especializados y gimnasios han notado este aumento de interés, y cada temporada suman nuevos grupos y horarios destinados a diferentes perfiles. Hoy es habitual encontrar clases adaptadas a principiantes, a personas mayores, a mujeres embarazadas o a deportistas que buscan complementar sus entrenamientos. Esta versatilidad contribuye a que el pilates sea percibido como una actividad inclusiva, capaz de acompañar a cada persona en su propio proceso, sin imponer ritmos frenéticos ni comparaciones constantes. Uno de sus grandes atractivos es, precisamente, que no requiere llegar a un nivel concreto para empezar: cualquier cuerpo, con sus particularidades y limitaciones, puede beneficiarse desde la primera sesión.

Otro factor que impulsa el auge del pilates es la creciente atención que los españoles están dando a la salud preventiva. Cada vez existe mayor conciencia de que el bienestar no solo se consigue reaccionando ante los problemas, sino trabajando de manera constante para evitarlos. En este sentido, el pilates ofrece una combinación equilibrada de fortalecimiento muscular, elasticidad y coordinación que ayuda a mantener el cuerpo en un estado óptimo. Las mejoras suelen notarse progresivamente: una postura más erguida, menos rigidez al levantarse por las mañanas, una respiración más amplia o una sensación general de liviandad después de cada sesión.

También influye en este fenómeno el papel de la tecnología y las redes sociales, donde numerosos profesionales comparten ejercicios, explicaciones y beneficios de la práctica. Aunque muchas personas siguen prefiriendo la guía presencial, la posibilidad de descubrir el pilates a través de vídeos y experiencias de otros ha contribuido a desmitificarlo y a mostrar que no se trata de una práctica reservada a atletas o bailarines. La pandemia, además, impulsó la demanda de clases online, abriendo la puerta a quienes no disponían de centros cercanos o preferían ejercitarse desde casa.

Más allá de los beneficios físicos, los instructores de Dharma nos recuerdan que quienes practican pilates destacan un aspecto que quizás explique mejor que ningún otro su popularidad creciente: la sensación de bienestar integral que se alcanza después de una sesión. No se trata solo de haber movido el cuerpo, sino de haberlo hecho de manera consciente, lenta y respetuosa, acompañando cada movimiento con la respiración. Esta experiencia, tan simple y a la vez tan poco habitual en otras actividades, genera una sensación de serenidad y equilibrio que muchas personas buscan conservar en su vida diaria.

¿A qué edad se recomienda comenzar a practicar pilates?

El pilates es una disciplina muy flexible y, en realidad, no existe una edad ideal única para empezar, porque puede adaptarse tanto a niños como a adultos y personas mayores. Aun así, sí hay algunas recomendaciones generales según la etapa de la vida.

En la infancia, suele aconsejarse comenzar a partir de los 7 u 8 años, cuando los niños ya tienen suficiente coordinación y capacidad de concentración para seguir instrucciones y realizar movimientos controlados. A estas edades, las sesiones suelen ser más lúdicas y enfocadas en la postura y la movilidad.

En la adolescencia y adultez temprana, el pilates es especialmente útil para corregir posturas, mejorar la fuerza del core y prevenir dolores derivados del estudio o el uso continuado de dispositivos. No hay límites particulares mientras no haya lesiones específicas que requieran adaptación.

En la adultez, es una de las etapas en las que más personas se inician porque ayuda a compensar el sedentarismo y los dolores musculares comunes. La mayoría de los adultos pueden empezar sin problema siempre que un profesional evalúe su nivel y necesidades.

En personas mayores, el pilates también es muy recomendado, sobre todo en sus versiones suelo con adaptaciones o máquinas como el reformer. Ayuda a mantener movilidad, equilibrio, fuerza y calidad de vida. Incluso quienes nunca han practicado ejercicio pueden iniciarse con sesiones suaves y supervisadas.

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